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Reflexión de una madre multitareas

En mi ejercicio diario por dominar el arte del multitastinkg, el malabarismo doméstico que día a día practicamos todas las que somos madres para cumplir innumerables tareas, muchas veces tengo éxitos y, cómo no también fracasos. 



La sociedad actual ha llevado a que nosotras cumplamos una serie de roles que deben compatibilizarse a diario. Madre, trabajadora, administradora del hogar, cocinera, profesora hasta doctora son parte de los múltiples papeles que desempeñamos en un día normal. A esto, se suma el homeschooling (educación en casa) que durante mucho tiempo la pandemia agregó a nuestra rutina diaria complejizando aún más la situación. Todo sucedía al mismo tiempo y obviamente en el mismo lugar, los hogares se volvieron colegio, gimnasio y taller extracurricular. 

En mi caso, soy madre de cuatro hijos y el clásico estereotipo de una mujer multitarea o “pulpo” coincide muchas veces con mi experiencia. Por ejemplo, una típica mañana de éxito, ahora que volvimos a cierta “normalidad”, es aquella en la que salto de la cama apenas suena el despertador y, en media hora, me baño, despierto a los niños, arreglo sus mochilas y organizo un poco la casa. Mientras tanto, mi marido les da el desayuno, los convence a ponerse el uniforme y los ayuda a que se peinen y laven los dientes. Luego, corro al auto y los llevo al colegio en tiempo récord para poder volver a trabajar.

Cuando el reloj marca las 12.30 empezamos de nuevo con la maratón, buscar a los niños al colegio, la reunión de trabajo vía zoom, bañar a los niños, otra clase, ayudarlos en sus tareas y así la lista no termina. 

A pesar de que con mi marido compartimos muchas de las tareas del hogar, aun así, tengo la necesidad de “supervisar” que todo haya sido bien hecho. Siempre me ha gustado hacerlas todas, lo cual me estresa bastante. Me ha costado mucho aceptar que nuestro cerebro funciona mejor cuando concentra su atención en una sola tarea. 

El tema es que he fallado más de una vez, por querer hacer todo, muchas veces algo se me olvidaba y era motivo de angustia y es ahí donde aparecía la culpa por estar invirtiendo más en los hijos que en el trabajo, o en el trabajo en desmedro de los hijos.

Es así como comencé a trabajar en esto de asumir que no soy una mujer multitareas por naturaleza. Claro que podemos hacer varias cosas a la vez, pero buscar la perfección está dejando de ser mi gran objetivo. Con el tiempo, he aprendido a evaluar mi rutina diaria, pedir ayuda y a establecer metas razonables, aunque una lo quiera hacer todo, el día sólo tiene 24 horas.

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